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Tras toda crisis llega una época repleta de oportunidades, pero hay que saberlo ver y saber sobrellevarlo.

¡Está claro, el COVID nos ha cambiado la vida!

Desde que ha empezado la pandemia, un dato escalofriante me atormenta: 1.074.000 personas han perdido su trabajo entre marzo y agosto como consecuencia directa de la pandemia. Es decir, 6.000 personas al día han sido despedidas. La cifra es abrumadora. Y eso sin contar todos los autónomos y pequeños emprendedores que han cesado en sus actividades. 

Ante esta tesitura, superar una situación tan complicada como la pérdida de empleo o el cierre de una actividad propia, empieza por entender que hay vida después de un fracaso. 

Nos cuesta muchísimo superar los baches en nuestras vidas. Nuestra sociedad no valora la experiencia derivada de un fracaso, se considera una lacra que deberíamos extirpar cada día. 

Si antes de la época que estamos viviendo el 80% de las empresas quebraban en los primeros cinco años, ahora este proceso se ha acelerado.

¿El fracaso tiene poder?

¿El fracaso tiene, intrínsecamente, algún tipo de poder?

Llevo dando vueltas a esta pregunta varios meses. Finalmente he llegado a la conclusión de que sí, tiene poder. Tiene el poder de la transformación, el de la metamorfosis, el de la reinvención. Estos poderes aparecen, en muchas ocasiones, solo después de un suceso drástico. 

¡Pero los humanos somos así!  Necesitamos que la vida nos de una colleja para darnos cuenta de algo. Hay una frase muy buena de Raphaëlle Giordano que dice: “Tu segunda vida empieza cuando descubres que tienes solo una”. Me parece una cita que deberíamos repetirnos cada día.

Pongamos algunos ejemplos.  Cuando somos pequeños y tenemos que cambiar los dientes de leche por los que quedarán para siempre, pasamos una época dolorosa. No es placentero que se nos caigan los dientes, pero es algo imprescindible para tener una dentadura fuerte y duradera que nos sirva para toda nuestra vida. Este es un pequeño cambio decisivo que, cuando somos padres y adultos, tendemos a desdramatizar inventando personajes como el Ratoncito Pérez para que sea más liviano pero que resulta difícil cuando un niño tiene que pasar por él. A veces, cuando estamos creciendo, nos duelen las rodillas porque nuestro cuerpo está cambiando y nos lo hace sentir. ¿Y qué decir de nuestra adolescencia? Empieza a salir vello por todo nuestro cuerpo y las hormonas enloquecen para anunciarnos un cambio que nos va a llevar a algo mejor, a un yo más maduro, más evolucionado, a una nueva y mejor versión de nosotros mismos. 

En la naturaleza sucede lo mismo. Bastaría con mirar esa maravilla que son las mariposas de las que Lao-Tse decía: “Aquello que para la oruga es el fin del mundo, para el resto del mundo se llama mariposa”. Algo parecido sucede con las águilas que, para vivir hasta los setenta años, tienen que arrancarse el pico y las garras a los cuarenta. Es un proceso doloroso pero imprescindible para poder vivir más en óptimas condiciones.

La vida es transformación, es fracaso y es cambio. La naturaleza es vida y enseñanza. Deberíamos pararnos un poquito más y reflexionar sobre todos estos cambios y sucesos que vivimos. Para que no sean en vano, tenemos que aprender a transformarnos como las mariposas. En caso contrario, si no aprendemos a la primera, la vida, el universo, el destino, llamémoslo como queramos, nos lo volverá a presentar infinitas veces hasta que lo aceptemos y aprendamos de ello.

Después de la quiebra empresarial que he sufrido en mis carnes, he encontrado un método para poder superar estas situaciones y sacar provecho de ellas. 

Nuestra sociedad necesita entender que la superación de un fracaso implica saberlo coger por el lado de la ventaja. Así se entiende en Estados Unidos, como un valor, un activo en las personas, una ventaja competitiva frente a aquellos que no han fracasado nunca. 

El propósito de mi vida es poder normalizar estos sucesos. Mi granito de arena es escribir para que otros empresarios puedan aprender de mis y de sus errores.

Hoy arranco este maravilloso blog que tanto me resistí de hacer y al que tanto me ha empujado la vida para arrancarlo. 

No sé dónde me llevará, la vida tiene infinitos caminos. Con que pueda ayudar, aunque sea solo a una persona, a superar estas situaciones tan complicadas que a veces vivimos, me daré por satisfecho. Al final, ¿qué somos? Somos humanos en medio de otros humanos. Conseguir ayudar a una persona es la recompensa más grande que se puede tener en la vida. 

Así que, desconozco cómo has llegado hasta aquí y no sé quién eres, pero te voy a decir una cosa: 

Bienvenido a mi blog, bienvenido al… 

BLOG DEL FRACASÓLOGO